miércoles, 14 de julio de 2010

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¿Y que me pasa?... Mira yo no se.


Te estoy esperando y la puta hora nunca que se acaba. Me dan ganas de salir a fumar un cigarro, para los nervios, pero me da miedo que vengas en lo que no estoy y decido esperar. Sigo esperando.


¿Por donde vendrá ya?... Mira que ni me lo imagino. He pasado el tiempo pensando en donde podrás estar, que harás, llamando sin que contestes. A cada momento se me acelera el corazón cuando oigo que hay alguien afuera. Oigo voces pero no siento tu presencia.


Y así pasa mi tiempo. Irónico por que nunca que se acaba. Así se me pasa todo, esperando por vos, y en la espera, bendita espera, me sudan las manos, voy al baño mil veces solo por matar el tiempo, veo el teléfono y el reloj, y de nuevo el teléfono, y el reloj, y vos nunca que apareces...


Considero el dormir un rato, pero no, no se puede dormir así. Si supieras que no duermo ni por la noche, que mr despierto cada madrugada por que me parece oír tu voz y que me es imposible volver a dormir pensando que si estarás dormido, que si no, que si lo llamo, que si lo despierto. Y comienzo de nuevo, a esperar, contando las horas exactas para verte, a esperar a que amanezca y que sea hora de darte otro beso...


¿Y que me pasa?... Mira que yo me pregunto lo mismo. ¿Que me pasa con vos?. Asaber, solo se que llegaste a mi vida y te rehusas a soltarla, me tenes viviendo cada momento solo por vos, solo pensando en vos, y yo, así de terca como soy, no oso en quejarme. Es que así soy feliz, esperándote aun, soy feliz. Y te escribo, y te espero, y soy feliz.

martes, 6 de julio de 2010

Sí, ella no está aquí, pero yo estoy a tu lado…

Lamento no haber estado presente en las ocasiones que ha llamado por teléfono, pero usted sabe que así son las cosas por acá. Sobre los consejos que le han quedado en la mente y en el corazón, me alegro mucho de que haya tenido la sabiduría de tomarlos y que, a la vez, desee transmitirlos a sus hijos. Agradezco sus pensamientos acerca de que soy un buen ejemplo para ellos.

Hija, a pesar de la distancia, tenga siempre la plena seguridad de que todas las mañanas al despertar mis oraciones son por cada uno de mis hijos, de mis nietos. Le agradezco que cuando la desesperaba con mis precisiones usted guardaba silencio, nunca faltando el respeto. Le mantengo que soy bueno hablando, más no haciendo las cosas, por eso, le digo que es bueno que haga según digo, no lo que hago, pues a veces sé que la riego. La extraño bastante, sin embargo, pienso que en ese país usted y su familia tienen mejores oportunidades de vida.

Le aconsejo que la mejor manera de ser puntual es programar su tiempo con anticipación. Trate de ser prudente con su trabajo, ya que los excesos suelen acabar en enfermedades. Regálese unos minutos del día para usted y su esposo, ya que es la clave de la felicidad futura. Recuerde que con la ayuda de Dios, pidiendo siempre sabiduría, saldrá adelante.

Me alegra enormemente que mi semillita esté dando muchos frutos, y dará muchos más. Que el Señor los bendiga. Por último, agradezco sus condolencias por el fallecimiento de su abuelo paterno, pero creo, firmemente, que descansa en la eternidad a los pies del Señor. Su concepto de ser fuerte y de seguir en oración me llega en el mejor momento, pues me confirma que es el camino para estar siempre en excelencia.

… ¿Tengo que mudarme a otro país?... o sólo pierdo las esperanzas…

domingo, 4 de julio de 2010

Finales


Silencio de muerte. El terror en el alma, enredado en tus sueños.
Lagrimas en los ojos, pero sin ganas de llorar.
Y es así como dejas tu cuerpo y pareciera que estas fuera de ti mismo,
Y allí sentado, vencido, confundido. Otra batalla pérdida, otra lucha en vano.
El dolor es más grande que ti mismo y lo sientes en la piel, lo ves florecer
Y no escuchas más. Solo tienes una pregunta: ¿Por qué?
Lo que se te muere en ese momento no puede ser vuelto a la vida otra vez,
Y duele saberlo, que se te murieron los sueños y se llevaron tus ganas de ser.
¿Por qué? Porque no se puede vivir libre, porque no se puede vivir lo que se quiere.
En nadie se puede confiar, piensas que si, deseas que así sea. Pero no.
Y si te descuidas te atacan por la espalda y te siguen golpeando hasta tenerte de rodillas.
Silencio de muerte por dentro. El terror en el alma enredado en tus sueños.
Si pones atención, tal vez puedas escuchar tu alma muriente.
Tal vez te puedas encontrar a ti mismo en el momento final.
Y no entiendes porque, no entiendes nada, no comprendes.

De vuelta al origen


Me disculpas por no saber que día es hoy, pero soy un viejo enfermo y creo que lo único que debes saber es que voy a irme muy lejos, voy a regresar a mi hogar verdadero, lo único que importa es que me iré y no tuve la dicha de volver a verte, a mis ochenta años, mi vida humana va a caducar y tu hijo, no estás aquí.


Sé que piensas que soy un viejo mentiroso, que vivo de inventar cosas elaboradas y sin sentido, pero sin una pisca de verdad. Pero quiero que sepas con certeza, que yo sé lo que he vivido y con eso me basta, claro que nunca se me dificulto usar la imaginación de cuando en cuando. Si por mí fuera, seguiría contando cuentos. Recuerdas cuando me pedias que te contara uno, cuando aun creías en ellos, cuando aun creías en mi. Hoy, aprovechando que no volveré a ver la tierra, he decidido tomar mi último viaje y voy a contártelo todo, aunque ya no te interese, pero aún recuerdo cuando me rogabas por acompañarme en mis viajes.


¡Vaya, lo que le puede pasar a uno cuando hace viajes a la exosfera! Que iba a saber yo que un barco lleno de globos puede llegar tan alto. Subía y subía, cada vez mas, incluso llegue a preocuparme mientras veía como la tierra quedaba allá debajo de mí, y tu hijo, tú te quedaste ahí también.


Vi en mi camino a la luna muy de cerca, en efecto, no es de queso como lo sostienen algunos ingenuos que nunca le han visto desde esta perspectiva, parece ser, aunque no estoy muy seguro, que está hecha de algún tipo de cristal que mantiene su brillo gracias a unos pequeños seres, los cuales están limpiándola todo el tiempo. Son unas creaturas pequeñitas de no más de medio metro de alto, con brazos del doble de su tamaño y sin boca, no hacen nada más que limpiar por doquier, se mueven como locos sacando brillo al cristal con sus lenguas, que están hechas de esponja.


En mi llegada al espacio estelar, pude comprobar la existencia de las sirenas espaciales, pensaba que eran solo un mito, pero veo que no. Estaban allí algunas en sus botes salvavidas y otras en unas escaleras que van incrustadas en el corazón solar, tenían cabello dorado y se les reflejaba el fuego en los ojos, ¡eran hermosas!, me hubiera gustado quedarme con ellas pero se les acabo el aire a mis globitos y fui callendo muy a prisa. Caí, caí y caí hasta volver a entrar a la troposfera.

Fui a parar a una especie de jungla llena de hormigas, se me subieron al bote y comenzaron a picarme, al mirarlas de cerca, vi que se trataba de los homofilicanis, pequeños hombrecitos que trabajan la madera. Al parecer, no pudieron resistir a mi barquita, hecha de la madera más fuerte que hay y rápidamente me despojaron de ella. Ya cansado, decidí buscar el camino a mi hogar, a mi verdadero hogar y pues, he utilizado el instinto para encontrarlo, y aquí estoy.
Parado a la orilla del mar, esperando a que suceda, dejare la carta en la orilla, con tu nombre al frente, se que las casualidades de la vida la llevaran hasta ti. He de regresar ya la océano, de donde vine, nunca me creíste, pues bien ahora lo verás, me encargaré de que mi alma humana salga a la superficie a verte de vez en cuando. Mi pie ha tocado la espuma. Adiós hijo mío, creo que ya debo partir. Adiós.


Hernández Moreno, Amanda María.

miércoles, 30 de junio de 2010

Amiga:
Te escribo mientras recuerdo de amores y dolores. Te desvisto en el pasado, y te imagino en el presente, pero, no hay futuro, lo juro, lo he visto, mientras pernoctaba en pensamientos de experiencia. Miro hacia atrás y no estás nunca a mi lado, estas aquí, en mi compañía. No sé que he hecho de ti, si te he tratado mal, si alguna vez te dejé a un lado, si cuando tú querías salir y aflorar en mis pupilas, no te vi, más te siento, trato de abrazarte y comprenderte. Sigo queriendo sacar lo mejor de ti.


Quiero decirte que te he amado, te acepto tal como eres, así como un día, Dios te creo para mí. Tan mía, y a la vez, de todos. Me has dado tanto, bueno y malo, ¿o me encargue yo, de convertir lo bueno en malo? Quiero tratarte con delicadeza, como mereces. Tú me llenas de soles y lunas de colores. Yo te doy disgustos, hipocresía… yo te decepciono y te traiciono, y al hacerlo, me hago daño. Es que tú y yo somos una, yo estoy en ti, tú estas en mí.


Querida amiga, mi hermosa vida, es a ti a quien escribo mientras se me acaba la tinta de las lágrimas, de ver todo lo que me obsequiaste y desperdicié. Mi dulce cómplice, siempre has estado conmigo, aún cuando no lo quise. De pequeña, me enseñabas a andar y a ver el camino con ojos curiosos. Me hiciste, luego, madurar, siempre dándome oportunidades y tomándome de la mano. Me cuidabas las espaldas y yo te apuñalaba.


Lo siento tanto. Gasto mis líneas en ti, lamento dejarte. Perdón, por todo lo pasado, que te baste saber que de verdad te amé, y creo que, en verdad, un día, me hiciste feliz, pero hoy, te dejo sola, incompleta. Sin más que decir, adiós, amiga.


Hernández Moreno, Amanda María

Relato de un encierro


Estoy encerrado aquí. Estamos todos encerrados aquí. Un día entras y no vuelves a salir, dicen que es porque nos hemos portado muy mal. Dicen que es la forma que tienen de castigarnos.

Todo es blanco aquí adentro. No hay esquinas y siempre está húmedo. El azúcar de las paredes se nos entierra en la piel y crea hongos. La piel putrefacta se nos cae a pedazos. Se nos moja la mitad del cuerpo y la atmósfera de humedad, juntada con el espacio hueco hace que los gritos desesperados te resuenen en los oídos. Ya no hay nadie que tenga un solo cabello en la cabeza.

Pasan los días muy lento. Nadie habla. Solo se escuchan gritos y balbuceos, indicios de locura. Todos estamos malditos. Hay cosas aquí adentro que ni el más desquiciado quisiera ver. Y hace tanto calor. Se nos descascara la vida.

Muchos ya no recuerdan la razón de su castigo. Tal vez para que ya no pudieran hacerle daño a nadie. Uno a uno se ven morir. Los cuerpos sólo dejan de funcionar y caen al suelo, nadie se inmuta. Otro más. El cuerpo inerte cae al fondo del agua verdusca (solía ser clara) y se pudre. El olor es espantoso. Es el baño de todos los demonios. No hay más aire que el que entra por un pequeño orificio del techo. Es un aire pesado y denso. Y hace tanto calor… desesperación.

La única forma que he encontrado de no perder el juicio es encerrándome en mi mismo. Viendo tanta locura alrededor, no queda más que acostumbrarse. Cerrar los ojos. Cerrar los ojos y escribir.

Hernández Moreno, Amanda María