miércoles, 30 de junio de 2010

Amiga:
Te escribo mientras recuerdo de amores y dolores. Te desvisto en el pasado, y te imagino en el presente, pero, no hay futuro, lo juro, lo he visto, mientras pernoctaba en pensamientos de experiencia. Miro hacia atrás y no estás nunca a mi lado, estas aquí, en mi compañía. No sé que he hecho de ti, si te he tratado mal, si alguna vez te dejé a un lado, si cuando tú querías salir y aflorar en mis pupilas, no te vi, más te siento, trato de abrazarte y comprenderte. Sigo queriendo sacar lo mejor de ti.


Quiero decirte que te he amado, te acepto tal como eres, así como un día, Dios te creo para mí. Tan mía, y a la vez, de todos. Me has dado tanto, bueno y malo, ¿o me encargue yo, de convertir lo bueno en malo? Quiero tratarte con delicadeza, como mereces. Tú me llenas de soles y lunas de colores. Yo te doy disgustos, hipocresía… yo te decepciono y te traiciono, y al hacerlo, me hago daño. Es que tú y yo somos una, yo estoy en ti, tú estas en mí.


Querida amiga, mi hermosa vida, es a ti a quien escribo mientras se me acaba la tinta de las lágrimas, de ver todo lo que me obsequiaste y desperdicié. Mi dulce cómplice, siempre has estado conmigo, aún cuando no lo quise. De pequeña, me enseñabas a andar y a ver el camino con ojos curiosos. Me hiciste, luego, madurar, siempre dándome oportunidades y tomándome de la mano. Me cuidabas las espaldas y yo te apuñalaba.


Lo siento tanto. Gasto mis líneas en ti, lamento dejarte. Perdón, por todo lo pasado, que te baste saber que de verdad te amé, y creo que, en verdad, un día, me hiciste feliz, pero hoy, te dejo sola, incompleta. Sin más que decir, adiós, amiga.


Hernández Moreno, Amanda María

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